Creada en la Ciudad de General Alvear, Provincia de Mendoza, en el año 1935.

viernes, 5 de febrero de 2016

Lectura sugerida III



 

La señorita de Tacna –pieza en dos actos- deMario Vargas Llosa

Cubierta de César Sondereguer con modelo Norma Aleandro

Seix Barral. Colección Biblioteca Breve. Barcelona (España) 1981

 

 

 

 

jueves, 4 de febrero de 2016

Lectura sugerida II


 

LECTURA SUGERIDA

 

“Todas Brujas. Las ventajas de ser mala de Ana von Reuber

Ilustración de tapa e interiores de Ana von Reuber

Grupo editorial Norma. Buenos Aires, 2011

 

RICARDO ALBERTO BUGARÍN (General Alvear, Mendoza, 1962)


AHÍ HUBO ALGUIEN
 
Desprendido del himacio avanzaste hacia mí. Tus manos se entretuvieron con mis cabellos mientras quitabas mi tolia. Mis manos recorrieron tus hombros y se apropiaron de tu fíbula. Sentí como las tuyas, con hambre detenido, recorrían el camino que desliga el amado peplo de mi cuerpo. Avanzamos. Tu jitón fue desvaneciéndose en el juego de mis manos y al caer el cíngulo quedó toda tu belleza liberada. Acercándonos aún más, nos tomamos de las manos en una especie de eteriedad sublime y deleitada. Liberados tus pies y olvidados mis bauquides, avanzamos. Un ave solitaria, desde algún lugar, con su canto nos acompañaba. Nos amamos como no se puede amar. Sentí la intensidad de tu mirada. Sentiste la profundidad de la mía. Hicimos de nosotros dos, el gozo y la plegaria. Con los siglos el friso se ha ido desgranando. Nuestro mármol no ha soportado el trajinar de las tierras. Para los demás, somos conjeturales y estamos datados. Recién un niño, acercándose al vidrio, nos señala y dice: ahí hubo alguien.
 
 
De “Bonsai en compota” (2014)


 

miércoles, 3 de febrero de 2016

MARTÍN GARDELLA (La Plata, 1973)


AMOR DE GEISHA

Juro que te amaré sin límites ni condicionamientos,  todo el tiempo que dure tu visita.

martes, 2 de febrero de 2016

ALFONSO REYES (México, 1889-1959)


QUÉDATE  CALLADO
 
Quédate callado y solo:
casi todo sobra y huelga.
De la rama el fruto cuelga
y la rosa del peciolo,
no a efectos del querer sólo,
sino a la inerte ceguera
que la visión exagera
en alcance y en sentido;
y lo que cantas dormido
es tu canción verdadera.

Quédate solo y callado:
casi todo huelga y sobra.
Ningún gasto se recobra,
ni vale el oro cambiado
la moneda que has pagado
por montones de vellón.
Que a hurtos da el corazón
los latidos que aprovechas,
y aunque imaginas que pechas,
lo debes al panteón.


 

lunes, 1 de febrero de 2016

MANUEL VILAS (España, Barbastro, 1962)

 
THINK IT OVER 
 
Piénsalo, a nuestra edad ya no saldrá bien.
Cada uno viviendo en su casa es mucho mejor, habrá más deseo.
Para qué quieres hacerme el desayuno, eso da igual.
Yo creo que eso no ha funcionado nunca, pero la gente
cumple años, y se dejan llevar, porque enseguida
te mueres, y si cumples los sesenta, qué más da.
 
Cenamos los viernes.
Nos llamamos entre semana, jugamos.
Nos mandamos fotos eróticas por el guasap.
 
Cómo me iba a ir con una de treinta
si son todas tontas, ambiciosas y sin talento.
 
Cómo te ibas a ir tú con uno de treinta
si son todos tontos, grandilocuentes y calvos.
 
Piénsalo, piénsatelo mientras te vistes.

 

domingo, 31 de enero de 2016

GABRIELA LUZZI (Chubut, Rawson, 1974)


LAS TRES MESAS

Lo que faltó es lugar en esa casa
para poner la mesa
que ahora no está
porque quedó destruida
en el patio
y también faltó un techito
o más bien
faltó sequía
para que no se mojara
la madera de la mesa
y matar la biodiversidad
que aumentaba
todo el tiempo en forma de hongos
de diversos colores
tirando al azul
o al verde manzana
de pez raro
que consiguen dos chicos
en un cuento 
pero que dividen por la mitad
para llevarlo a sus casas.
Cortarle las uñas a los gatos
que rascaban las patas
puede decirse que faltó además
pero no hubiera servido de nada
porque ya la madera estaba blanda
amarilla
largaba olor a agua estancada
y cuando le daba el sol
se desprendían
como pedazos de goma espuma
de almohadas
iguales a las que caían de nuestras camas
un poco viejas
y que sostenían
a todos los que dormíamos
y comíamos
en otra mesa
que no estaba tan buena
pero dejamos adentro
porque era de vidrio
y se limpiaba más fácil.
Además los perros,
que no tenían tierra para escarbar
porque se había
despedido al pasto
con una mano de cemento,
ayudaron a destruirla.
En cierta forma para lo único que sirvió
esa mesa 
fue para dar de comer a las hormigas
que pasaban arrebatadas
ante el milagro
de la lluvia
de mendrugos amarillos.
Quedó en el patio
la chapita
con el nombre
del ebanista
que sólo había fabricado tres mesas
y las había vendido
sin dejar para sus hijos
ni siquiera el oficio
que ahora uno de ellos
le agradecería tener
porque cuando abre
las alacenas
que el ebanista no vendió
y que están vacías
descubre que es mejor
no completar el telegrama de renuncia
y quedarse a pintar de magenta
la mesa de fórmica
que le regalaron
para que coma
sin ninguna compañía
ni mantel
ni servilletas
ni chapitas que son lo último en caer al piso
cuando algo se destruye
y hacen un ruido
que nadie escucha
sólo la hormigas
como una mala traducción
de la frase, esto se acabó muchachas.
El hijo del ebanista
dice que le hubiera faltado poner
algún producto que una la pintura
con la fórmica
a la que naturalmente nada se le pega.


 

sábado, 30 de enero de 2016

RÉGIS JAUFFRET (Francia, Marsella, 1955)

BEBÉ NUEVO
 
Uno puede amar durante mucho tiempo a una mujer que ya no quiere estar con uno, y porque uno todavía la ama, casarse con su hija. Aquella mujer había sido mi tutora en la universidad y teníamos amoríos clandestinos. Me dejó al cabo de algunos meses por un estudiante de licenciatura. Hoy sé que yo sólo era un juguete sexual para ella, un pene joven enclavijado a un cuerpo de adulto cuya piel había conservado como reflejos de adolescencia. Su hija siempre ignoró nuestras relaciones, pero revolviendo una vez la cartera de la madre encontré una foto de ella jugando al tenis. Después de la separación, una rápida pesquisa me permitió descubrir el club del que era socia. Tres semanas más tarde, lograba llevarla a la cama. Antes de cada relación sexual, agujereaba el preservativo con una aguja. Logré convencerla de que no abortara, y de que se casara conmigo por imaginarias razones de orden moral. Desde entonces, cada vez que la siento a punto de escaparse, da a luz al año siguiente a un bebé nuevo cuyos tres o cuatro kilos le impiden huir, como un grillete. Todavía no somos una familia numerosa, nuestros cuatro hijos hacen de nosotros una pareja tan solo meritoria. Para darle ánimo, antes de cada nacimiento le regalo una joya. Se la deja sin estrenar a las enfermeras. —Te amo. —Sé que no. Se niega a dejarme entrar a la sala de parto. Espero la entrega con su madre enfrente de la máquina de café. Se volvió triste, y me odia. Por su inteligencia, su perseverancia natural, entendió desde el principio que mi amor era una maniobra para obligarla a que formara parte de mi vida. Trata de no mirarme a los ojos, de no besarme en la mejilla. Pero en las reuniones familiares me gusta escucharla hablar, aunque es lo suficientemente hábil para no dirigirme a mí directamente ni una sola palabra. Y además, me lavo las manos en su baño, entre sus productos de maquillaje, sus frascos de perfume. La respiro. —Te amo. Ella no responde. Hace como que sigue tomando el vasito de café. Mira el estacionamiento a través del vidrio. La escucho sollozar suavemente, mientras su hija sigue pujando jadeante a mi prole.
 
De “El amor es eso” (2011)

viernes, 29 de enero de 2016

JUAN CARLOS MESTRE (España, Villafranca del Bierzo, 1957)

TRES POEMAS PARA PIER PAOLO PASOLINI

Sólo porque estás muerto he podido hablarte como a un hombre,
de otra manera tus leyes me lo hubieran impedido.
P. P. Pasolini


I
Hubiera querido góndolas y uvas en tu frente, blanca túnica de vichí
para tu cuerpo de arbusto, vomitel, árbol enorme donde tallen 
timbales, panderetas, músicas al tacto valiente de tu risa, 
tarambas, oboes y luces en la noche que te cuida, 
fósil de ámbar, rejalgar, cristal indefinido que gobierna 
adolescentes. Pero ya el humo que resolvió a los príncipes 
es témpano dulcísimo, véspero en la tarde de los Médicis, 
cascabel y sedas en tu luz definitiva, vértigo ahora 
cuando un arpa inicia fuentes de bálsamo en la memoria, 
incienso en tu cenotafio de orégano y ciruelas, harina
en el hojaldre sin fin, honrado jinete tan suave en el galope 
y hasta relincho fucsia del centauro que quiso Botticelli 
para llevarte a hombros a la soledad del ibis, madre 
comunal y sagrada que devoró el jaguar, cinta en el pelo,
miel de palma y almendras en el licor de los festejos.
 

II
Voy a nombrarte como sol que duda entre el jazmín o la libélula,
apenas aurora y ya friso de acanto que te oculta, breve fue 
el amor o la alimaña y ya están los evangelios anunciando 
fresas en tus labios, liebres, sacristanes, adobes y pulpa de manzana;
quiero esta extensa geografía reducida a brote simple de cerezo 
y en tu oreja cultivar infiel e íntima la vida, el deseo, el goce 
carnal de un cielo que devore tu muerte y te devuelva intacto 
al ágora y al puente, al tren, al mingitorio, a las campanas y a la luna.
Que ya vienen las mariquitas de Roma tocando la marimba y las estatuas
y la hojarasca y las navajas no son, Dante y el cisne de Veronés,
y Venecia no se hunde por ti y no se hace inalcanzable el vértice,
porque ya estamos todos sin vergüenza en el pubis de Safo, yuruma, 
jarabe de maíz, sustancia, hucha y alhelí, caimán y novia.
  

III
Y es preciso detener la resignación que como mañana blanca de domingo 
azuza al cárabo, devolver la alegría al alcahuete, el miedo al juez, fingir
hasta el éxodo, adornar con azucena cada culpa, convidar a matrimonio,
volverse cadmio, baya, ser prodigio, retallecer, rugir y hasta ocultar
con velo lo jovial, ingerir jarabes que te vuelvan grillo y regreses
en el canto, araña, saurio, gelatina, nivel del mar que lo inunde todo.
Porque no me acostumbro, prometido, a revejecer, a regirte en el recuerdo,
a reservarte el mármol como si cónsul hubieras sido, tú, hereje mayor, joya 
que adorno el pulgar, hierba que embosqueció la era, nunca harija, trigo, 
rayo que destrona, hiere, apila y excarcela. Te quiero ya tambor, voz atonal, 
adormidera, flauta, tubo de viento. Levanta tu cabeza, cáliz de pan, ven nómada, 
regresa, hágase la justicia y alegrémonos: Ecce homo.


 

Lectura de verano - I

“Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” de Rainer María Rilke. Traducción de Francisco Ayala. Prólogo de Fernando de Torres. 2da. Edición. Editorial Losada. Buenos Aires. 1968. (Colección Biblioteca Clásica y Contemporánea. N° 104. Portada Silvio Baldessari. Título original: Die Aufzeichungen des  Malte Laurids Brigge)