Creada en la Ciudad de General Alvear, Provincia de Mendoza, en el año 1935.

sábado, 11 de enero de 2014

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano XIV

 

A OTRA MÚSICA YA OTRA VIVIDA

(EN UN ALTO DEL TREN)

 

Rubio acordeón, compendio del verano;

Musiquilla carnal y volandera:

Aquella prisa que abrevó a tu vera

¡Cual su acero ablandó bajo tu mano!

 

Flor en esquivo leño

-zarzal la tarde, tú la oculta rosa-

que sus horas brotaron.

Sueño con tanta dimensión de sueño

que aun la estación de Sarandí y su prosa

anclas de realidad por ti levaron.

 

¿De qué escondidas fuentes,

por qué cauce profundo

venías hasta el mundo

de las gentes?

¡Lazo que agavilló por un segundo

aquel haz de destinos diferentes!

 

Antes que el tiempo conociera nombres:

¿Soñarías en vano?

¿Desde cuándo fluía tu desgano

llorado –siglo a siglo- por los hombres?

 

Sorda esperanza en nadie esperanzada

buscando un alma con tu alado paso;

leve estría  de siesta en el ocaso,

eco estival, sonora miel pausada

Recuerdo, y en ti sola recordada.

 

¿Vieron los otros como el alma mía

tu raíz que se hundía

buscando el infinito, y de qué suerte

por la celeste cueva

entrabas en el túnel de la muerte

dando a otra claridad igual y nueva?

 

Áspera realidad que serenaba

-duro cristal que se ablandó a tu quilla-

tu música sencilla.

¿Qué anillo de centurias se cerraba?

y en tanto se oía:

¿Qué curva de eternidad de ti partía?

 

(Sorda estación, de utilidad te han hecho;

de hierro, precisión, humo y olvido.

Con tu abejorro musical dormido

estaba el sol adentro de tu pecho)

 

Partí otra vez, como otra vez.

Ya sabes

que en el tiempo no cabes.

Para volver de nuevo a otra vida

con idéntico asombro inexpresable

e igual piedad por el amor transida

por este tu morir inacabable.

 

EDUARDO GONZALEZ LANUZA

 

 

Nota: El texto seleccionado fue tomado de Revista “SUR”, Año VII, No.29 Buenos Aires, Febrero de 1937.

viernes, 10 de enero de 2014

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano XIII


UN SER QUE SOMOS TRES

Yo tengo la ternura inhabitada
y el alma en soledad, siempre vacía.
El que está afuera busca compañía.
Y el que está adentro nunca encuentra nada.

Por eso vivo con el alma usada
como si fuera de otros y no mía.
Y recorro esta dura travesía
con toda la tristeza desollada,

Solitario del tiempo. Y solitario
del Soplo intemporal de donde vengo,
llevo conmigo un animal gregario.

Un ser que somos tres. Y encima rengo,
del que jamás he sido propietario.
¡Cómo quieren que dé lo que no tengo!

SONETO DEL AMOR PERDIDO

Si muero en soledad, será mi muerte
la cosecha del grano que he sembrado.
La gente pasó siempre a mi costado.
Con el prójimo tuve poca suerte.

No sé si por ser débil, o ser fuerte,
viví constantemente acuartelado.
Y a fuerza de sentirme un exiliado
ya nada me atormenta o me divierte.

Tampoco busqué más. Mi alma se puebla
lo mismo que una isla pobre y mía
rodeada por el mar y por la niebla.

Y allí paso mi tiempo, abierto a todo,
sin compartir con nadie mi agonía.
Yo sólo sé habitarme de este modo.

ANTONIO NELLA CASTRO

Nota: Los textos seleccionados fueron tomados del suplemento “Clarín cultura y nación”, Diario Clarín, Buenos Aires, 6 de Mayo de 1982.

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano XII


ELLA VA

Por el espacio que la sueña,
por el ensueño que la canta,
por la canción que la ilumina
ella se pierde: va
como la rosa desde el alba
hasta el atardecer,
Reina del sol y de los soles de mi vida.

LOS PERROS

Es sorprendente cómo cunde la
indignación entre los perros.
Uno tras otro suman su voz a la
protesta general.
Es sorprendente cómo la
indignación se manifiesta,
la rapidez con que circula y se
propaga
hasta los fondos más lejanos de
la noche.

Después los revoltosos van
callando.
A veces sólo uno insiste
todavía
terco y tonto.
Los demás ya no ladran:
han descubierto que es inútil,
que son ladridos a la luna
y han vuelto todos a lo suyo.

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE

Nota: Los textos seleccionados fueron tomados del suplemento “Clarín cultura y nación”, Diario Clarín, Buenos Aires, 6 de Agosto de 1981.

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano XI


  
OBSERVACIONES PARTICULARES

HE DICHO DUDAS QUE DESANGRAN EL MISTERIO
He cometido brillantes equivocaciones que surcan mi cara.

Por el ojo de la sabiduría ahora viaja la idea de la muerte.
Por el lado de la ternura nace un sol en mis labios
y en el pan consagrado aguarda la resurrección.

Sin embargo el pensamiento –viejo cazador de la memoria-
aún golpea con sus látigos de bruma
y yo soy apenas un simple cuidador de palabras.

Mi hábito de nostalgias, sobrevive.


POEMA DE AMOR

EL SUEÑO ES INFINITO
e íntimo.
Su sentido de eternidad no permite pensar.
A cara descubierta vuelves en él como el peso de una campana.
No separes esa sangre vedada de lo mío.
La noche nace en el tamaño de dos sombras.

ATILIO JORGE CASTELPOGGI
  

Nota: Los textos seleccionados fueron tomados del suplemento “Clarín cultura y nación”, Diario Clarín, Buenos Aires, 4 de Junio de 1981.

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano X



VISIONES DE RELÁMPAGO

I

Me alejo para saber tus pasos
y esa luz que se muda
en el color de tu sonrisa.
La vecindad enceguece
y la distancia alumbra.
¿Por qué decir adiós
si nadie parte?

II

Qué extraña esencia
cae a tu corazón cuando te hablo
sólo una fiebre líquida
el estremecimiento de algún río
que apenas roza la cárcel de tu sueño
lleno de miedos dulces
vigías contra el fuego.

III

Ese calor con que tocas mi nombre
para que te abra dócilmente la vida
crea un dominio centellante
contra el parque secreto.
Tus palabras
como una lluvia de rubíes
van incendiando las corolas
en la voz de sus aguas.

IV

¿Qué son las flores?
¿Un júbilo del sol
los dardos de la tierra
o una pregunta de los árboles
por el sentido de sus frutos?

ELIZABETH AZCONA CRANWELL


IMAGINACIÓN, CUALIDAD EN EL TIEMPO 

Hecha a lo momentáneo,
en constante variar, variar,
rayo cuando entra,
fantasma al irse,

ya con aire de duelo,
ya de recluso, cabeza sin peinar,
ya de beatitud,
que significa buen genio,
significa mente buena,

ya capaz de mirarse
en espejos rotos, componiéndolos,
redondos, reunidos los pedazos.

ya las manos juntas,
en actitud de ceder el paso,
ya para restregarnos los ojos,

ya detrás de mímicas,
juegos que se inventan,
el del pájaro asustado por el arco,
el del idiota al referir sus pueriles sueños,
el de mezclar lágrimas con brillantes perlas,

ya en la conformidad
de marchitarse, finalmente,
por la humana acedia, esa congoja
con que notamos una lentitud extrema
en el desplazamiento del sol.

ALBERTO GIRRI


Nota: Los textos seleccionados fueron tomados del suplemento “Clarín cultura y nación”, Diario Clarín, Buenos Aires, 24 de Junio de 1982.

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano IX



POTESTAD DE LA NIEBLA

No es solamente el rostro de la noche,
su columna ferviente, enamorada
de los profundos atrios
y húmedas baldosas que florecen.
No es el miedo tan sólo
del oscuro viajero de la lluvia
que se ha parado al borde del desierto
y ha perdido su árbol,
mientras bajan del tiempo, de repente,
los remotos estadios del silencio.

Niebla,
cadáver de la luz,
antípoda del trueno,
sonámbula leyenda del olvido.

Es a veces también
duro oficio del sol.


REFERENCIA

Quedar así,
determinando el cielo de todos los veranos
como una referencia milenaria.

Bordear el silencio
y dejarlo dormido porque es tan viejo
que solo tiene vida cuando duerme.

Pero quedar, quedarse.
Permanecer asido a los crepúsculos
como un brujo del clima,
vigilando el origen de la savia
y los aconteceres de la lluvia.

Morir es traicionar al nacimiento.


INDICIO 

Estas reminiscencias de cenizas
que pugnan el retorno a la madera
andan desamparadas bajo una luna de agua.

Aquí está la frontera de árbol y el aroma.

Más allá discurrieron
los tardos ríos de la madrugada
crecidos de fogatas medulares.

Pero los desterrados regresarán un día
a asombrarse en los cántaros más altos de la tierra?

Por este cuerpo anduvo alguna boca antigua:
todavía
puedo oir el tumulto de un verano
que se resiste a sepultar sus pájaros.

ENRIQUE GAMARRA


Nota: Los textos seleccionados fueron tomados del suplemento “Clarín cultura y nación”, Diario Clarín , Buenos Aires, 30 de Junio de 1981.

jueves, 9 de enero de 2014

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano VIII


EL RÍO

I

Llegaste junto al río para que yo te amara
y algo perenne y delicioso,
algo como el viento o la gracia de las nubes,
en ti creciera delicadamente.

Yo estaba allí, inclinado
sobre el misterio ardiente de la tierra.
Quizás mi corazón jugara entonces
con el cielo sumergido entre los peces
o anduviera buscando el rumbo de los muertos,
el peso de mi voz, mi selva.

¿Qué parte de soledad
trajiste entonces en tus manos como una rara orquídea?
¿Cuánto era mío
en el cerro de ternura más allá de tus ojos,
donde todo se confunde con el cielo,
como las nubes y la selva en el vientre del río?
¿Quién preparó la huída?

Tu piel hizo de mi alma un refugio tiernísimo
desde donde miramos el dibujo de las venas
ardiendo en nuestros cuerpos,
o asistimos al milagro de las hojas
que hacen visible el mundo cuando el amor lo ignora.

El río, en tanto, que lo espera todo,
que aprisiona el vuelo de las mariposas
y sabe de la muerte más que la muerte misma,
el río estaba allí, y nos miraba.
Nos mira todavía.

¡Qué hermoso era entonces comprender
la caricia del agua
en la brizna perdida donde el insecto escucha
como un pequeño dios extático!

II
(Polca)

Dormías a la sombra de las aguas natales
y yo te vigilaba.

En la costa del río
latías con la selva y los insectos,
y una víbora urgente
trepaba por el centro de tu alma
buscándome la voz.

¡Cuán poco yo te amaba entonces,
oh amor hecho de sangre,
oh herida de lujosas urracas y lapachos!
¡Cuánto ignoraba entonces,
lamento de guitarras,
de tu cuerpo tendido en las orillas!

Yo velaba a tu lado
sin guitarra, sin voz, músico triste,
Llorando los cadáveres del río;
pero en mis manos ardían tus cabellos,
tus olas, la nostálgica
prolongación del llanto sobre el agua.

Para suplirte, oh música, yo acaricié tu pelo,
la carnal armonía de tu cuerpo dormido.
La amarga soledad del monte
me sumergió la boca.
Azoté mis lapachos, desenredé mis lianas,
y un lamento de pájaros tristísimos,
cantando por tus venas,
derivó aguas abajo con los muertos.

Y en el doble remanso de tus senos,
tan dulcemente agrestes,
como verdes aullidos cayeron las barrancas.

III

Hoy siento que mi voz perdura
cuando el árbol declina sus cigarras
en el crepúsculo
y un aire reposado anuncia
la desnudez más pura del ocaso.

La voz que me desborda,
la íntima forma del amor,
este monstruo que vaga por los cerros
-pájaro, orquídea,
duende del monte, sapucái, guitarra-,
esta voz que es un viento lleno de hojas,
busca su forma musical,
quiere ser agua,
compartida canción, flor en la tarde.


Yo sé que tu ansiedad me nombra,
selva mía de siempre;
que tus seres más ínfimos:
el insecto que adora la luz en el rocío,
el yuyo indescifrable,
el rastro que olfatea el tigre,
en mi garganta pugnan dulcemente.
Yo sé que allí quieren buscarlos
esas manos transidas de esperanza
que alguna vez,
cuando el agua sea fresca para siempre,
ordenarán su gozo solidario,
su fraternal donaire.

Ahora gimen tus ramas
doradas por la gracia generosa
de nuestra luz
-porque es nuestro este cielo,
tan bajo a veces que las nubes dejan
un ángel en los ojos de la amada-
y yo siento que el río
fluye sin pausa por mi voz
cantando.

JUAN ENRIQUE ACUÑA


Nota: EL texto seleccionado fue tomado de la revista literaria “Expresión” Tomo II, No.6 , Buenos Aires, Mayo de 1947.

miércoles, 8 de enero de 2014

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano VII


EN LA NOCTURNA CALMA

En la nocturna calma, junto a la vieja fuente
donde un hilo de agua tímidamente llora,
la rosa del silencio me perfuma la frente
y la ilusión los parques abandonadas dora.

Unos blancos jazmines dan al aire su esencia
y la humedad del suelo como un fantasma sube;
arriba el cielo se abre, lleno de transparencia,
sin que su azul empañe la sombra de una nube.

Y la luna, nostálgica, este rincón alumbra,
empolvando los árboles, la terraza, el sendero,
mientras pensando en ella se hace en mí la penumbra
y en la nocturna calma todavía la espero.

FERMÍN ESTRELLA GUTIÉRREZ

Nota: EL texto seleccionado fue tomado de la revista “Selecciones Literarias” No. 25, Buenos Aires, 17 Noviembre de 1964.

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano VI



CUANDO NO ESTÉS

Cuando no estés, si es que no estás un día,
mi voz, sin voz, te llamará sin pausa.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
oirás mi voz en un rumor que pasa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
clamaré por tu gracia en toda gracia.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
moverá mi perfil la luna fría
en las cortinas que hay en tu ventana.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
sólo oiré en las palabras tu palabra.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
verás mi sombra entre la sombra fría
junto a la cabecera de tu cama.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
en cada verso mío habrá una lágrima.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
me sentirás bajo la tarde fría
llegar a ti en el son de las campanas.

Cuando no estés, si es que no estés un día,
te buscaré en la tierra, el aire, el agua.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
oirás mi paso entre la sombra fría
siguiéndote los pasos por la casa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te inventaré en el humo y en la llama.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
sorprenderá la madrugada fría
mi mano en tu cabeza despeinada.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te invocará en el sueño mi esperanza.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
en tu sueño entraré en la noche fría
cuando el sueño te cubra con sus aguas.

CÓRDOVA ITURBURU


Nota: EL texto seleccionado fue tomado de la revista “Selecciones Literarias” No. 61, Buenos Aires, 27 de Julio de 1965.

martes, 7 de enero de 2014

PARA COMPARTIR: LECTURAS DE ARCHIVO - Verano V


TOMAR DISTANCIA

Quien a tu lado
ocupe mi lugar
bienvenido sea
mientras sepa
conservar los dones.

Difícil es
predecir el futuro
de una proximidad
que se rechaza.

Difícil
es augurar
lo permanente
cuando se ha conocido
lo efímero.

NÉLIDA SALVADOR


QUÉ HABÍA EN EL LUGAR

¿Qué había en el lugar que habitamos?
La tierra firme, el cementerio de una especie infinita,
un fuego de penurias?
De pie sobre las brasas, el calor entibia la carne,
estrecha el cimiento del dolor casi animal
de las entrañas, agua solitaria
que enciende la sed del navegante.
Galopamos sobre esta planicie
y sólo hay piedra reseca y carcomida,
nada más que mortajas sin dueño,
cabelleras expuestas al sol del mediodía
que alguna vez preguntaron
por los lugares que ellos habitaban.

HORACIO PRELER


Nota: los textos seleccionados fueron tomados de la edición Suplemento Literatura de Diario “La Prensa”, Buenos Aires, 11 de Febrero de 1979.