Creada en la Ciudad de General Alvear, Provincia de Mendoza, en el año 1935.

viernes, 6 de diciembre de 2013

PARA COMPARTIR: MUJER EN POESÍA (III) - VOCES ARGENTINAS



MARIANA SOUZZO (Buenos Aires, 1982)

ROBERTO

Ya tendrías que haber arreglado el refrigerador
que te llevaste de mi casa hace algunas semanas
un dolor comenzó a estrujarme el alma
por las noches, cuando intento el sueño
mi heladera a punto de morir
me persigue rengueando por la habitación

cuando venía a visitarte pasé por la casa
donde Leonardo solía vivir antes de mudarse a España
su padre me dijo que él y su esposa
se habían marchado ayer
algo muy importante ha quedado sin ser dicho

deberías comprender, estoy sufriendo
me sentiría más aliviada si ya la tuviera conmigo
sé que tu socio se fue de vacaciones
estás solo y sin la camioneta
las cosas se han puesto difíciles, este asunto
se vuelve cada vez más y más importante
supongo que no hay manera de que me traigan
el aparato en los próximos días

los que me rondan rumorean
y yo sospecho que es totalmente cierto
que como no le encontrás arreglo
la abandonaste sin remordimiento
junto a otras chatarras descompuestas

soy una persona sensible, es verdad
me había encariñado con aquella cosa blanca.
resplandeciente, que me vendiste en octubre
pero estuve pensando y tal vez
deberías darme otra heladera
esa que me mostraste de color marrón y congelador
de ser así tendríamos que hablar
del reintegro en dinero que me harías
porque la otra tenía freezer

Roberto, esto no solo me quita el sueño
también deteriora mi salud
no me mires de esa forma
y comprendé porqué un sábado por la tarde
encendí una vela perfumada
y me recosté para ver como el sol
desaparecía entre los edificios de enfrente,
pensaba: esta es la primer gran pérdida
que sufro desde que me mudé

la vida en el departamento no es complicada
ordeno las mismas cosas día tras día
solo me esfuerzo porque todo lo que hay adentro
tenga algo que ver conmigo y el ambiente
pero desde que dejaste alojado en la cocina
aquel armatoste ocre, despintado
algo luce verdaderamente mal

reconozco que tuviste un lindo gesto
aquello que sentí como un premio consuelo
me ayudó a pasar lo peor del verano
al menos pude conservar el agua fresca
pero ya no puedo verla, mis ojos la esquivan
como si ella cargara con la culpa, además
me recuerda que para trabajar sos bastante lento

son las siete, supongo por tu seña
que ya querés bajar la persiana, yo también debo partir
unas amigas me esperan para ver un video
brincaría de alegría si esta semana
aparecieses por mi casa
casi como si no te esperase me darías una sorpresa
al traerme algo blanco, brillante, otra vez resplandeciente.


CAROLINA ESSES (Buenos Aires, 1974)

MÁS DE BUCÓLICO PAISAJE

La mujer sonríe, echa la cabeza para atrás
extasiada. El hombre mira a cámara, sostiene un bebé.
Se adivina el follaje de un parque
el clic de una máquina digital en automático.
Convivo con el gesto desproporcionado
de una mujer que no conozco.
La foto, –un amigo de la infancia que está enfermo
y vive en Paris- dice mi marido
deambula por la casa
como un espejo deformado de nosotros tres.

Ramas que se arquean sobre nuestra calle
inundan el barrio de una sombra apacible.
Los rayos llegan a destiempo
como empeñados en caer siempre
un poco por detrás nuestro.
No es el ritmo, ni el carácter de la marcha
sino la pregunta
¿cuál de nosotros se extravía
cuál muere, cuál es el que nos prolonga?



GABRIELA SACCONE  (Rosario, Santa Fe, 1961)

¿POR QUÉ, SI LA GOTA RESBALA...

¿Por qué, si la gota resbala 
de hoja en hoja, suave, 
hasta caer, entre muchas otras,
al pie de la higuera, 
incluso si la rama se mece 
y facilita a cada gota su caída, 
el alma busca en la máxima quietud 
la rama torcida y la hoja más áspera?


ELENA ANNIBALI  (Oncativo, Córdoba, 1978)

LOS ALBAÑILES ME GUSTAN

llegan en bandada, un día,
al terreno baldío, al gran hueco,
con su música de cuarteto
en las radios
llegan gritando, llegan
puteando al trompa,
codiciándole la mujer que nunca vieron,
llegan para lastimarse,
para caerse de los andamios,
para romperse la médula jugando
a los angelitos,
llegan para ponerle el hombro
al asunto

y el asunto es acarrear tierra,
arena, agua, cemento,
el asunto,
lo que los cogotudos de la zona
dirían business, es
hacerlo 8, 10, 12 horas seguidas,
con el sol bravo de la siesta,
hacerlo, con el viento sur
del invierno,
hacerlo cansados, poner
ladrillo sobre ladrillo,
sin llorar histéricos por ninguna
cuestión metafísica, porque el tiempo
que les sobra del día
-y siempre son miguitas-
hay que usarlo
para comer,
para bañarse,
para hacerle el amor a la mujer y mirar
cómo crecen los hijos

me gustan, los albañiles,
me gustan
porque todavía tienen tiempo
de gritarnos obscenidades a las mujeres,
de sonreírnos en la vía pública,
de hacernos saber que nos ven,
que nos escuchan el taconeo,
que se fijaron
en el brillo del pelo

me gustan porque cuando se van,
donde había un vacío,
de pronto hay una casa,
una casa armoniosa y a prueba
de tormentas,
es justo recordar de quién fueron las manos,
es justo 


ANDREA OCAMPO ( Avellaneda, Buenos Aires, 1968)

SI AL MENOS…

Si al menos
estos años hubieran merecido
la paciencia o
la esperanza y no calcular cuántas
horas de insomnio van
del sarcasmo a la depresión
y entender que cuando
la vida pierde
todo sentido, aún quedan
las electrodomésticos.

jueves, 5 de diciembre de 2013

PARA COMPARTIR: MUJER EN POESÍA (II) - VOCES ARGENTINAS



KARINA SERENI (Yacanto, Córdoba, 1982)

ESTACIÓN DE SERVICIO

Mi mente debe estar
sin duda un poco enferma, pero es
tan dulce toda la sintomatología.

Aquí, por caso, en la estación
de servicio en el medio de la nada
miro a la hermosa empleada
enfundada en sus calzas adherentes
que se inclina al costado de un Land Rover
mientras con una mano
aferra la manguera
negra y flexible de la nafta
y con la otra
con delicada gracia ella sostiene
el cilindro metálico que se hunde
en estrías concéntricas en el hueco del tanque.

No sé qué pensarán los otros clientes
que asisten a esta diaria epifanía
en uniforme azul de YPF:
febril mi frente, enferma ya imagina
su belleza sin ropa de espalda en el capot,
de par en par abiertas sus piernas longilíneas
y para el frío acero más cálido destino.

Mi mente debe estar
sin duda un poco enferma, pero es
tan dulce toda la sintomatología.

Ahora veo al hombre que en la cueva
profunda, oscura de la gomería
lo mismo que un moderno Polifemo
negro de grasa, de sudor untuoso,
ágil maniobra con la llave cruz
y luego con sus manos poderosas
manipula la goma de una cámara,
la aprieta y la retuerce y la sumerge
en un gran cubo de agua tenebrosa
hasta que las burbujas ascienden desde el fondo…

No sé lo que verán aquí los otros:
yo me veo a mí misma
crucificada en esa férrea cruz,
manipulada sin piedad,
sin piedad retorcida y sumergida
una vez y otra vez y una vez más
en el líquido ciego, lustral de la lascivia.

Mi mente debe estar
sin duda un poco enferma, pero es
tan dulce toda la sintomatología
que espero no curarme ni en la muerte.


 CECILIA ROMANA (Buenos Aires, 1975)

MUDANZA

Te dormiste boca arriba.
A las cuatro de la mañana
balbuceaste un nombre.

No me inquieta.
Tu parte oscura jamás me interesó.
Yo quería un hombre para vivir.


ESTELA FIGUEROA (Santa Fe, 1946)

LA ENAMORADA DEL MURO

I
La enamorada del muro
no sabe cómo es el muro.
Pero seguro siente su humedad
cuando ha llovido.
Su aridez
en tiempo seco.
La enamorada del muro
depende del muro.
A él se aferra.
Si el muro cae
ella se desparrama
como una cabellera sin cabeza.
A veces es tímida
y cubre sólo la base
como una mujer arrodillada
que abrazara las piernas de un hombre.
Y a veces —qué deseo
y qué orgullo caben en ella—
cubre no sólo el muro
sino toda la casa.

II
Todo amor nace
a partir de una pequeña confusión.
Nadie puede decir con certeza
si es el muro el que sostiene a su enamorada
o es la enamorada
la que sostiene al muro.
Y todo amor crece
a partir de pequeñas carencias:
la enamorada del muro no florece.
Tampoco el muro.

III
Visto desde afuera
la impresión general es de una gran belleza.
¿Pero quién puede alejarse para mirar
cuando está enamorado?
El muro no ve el hermoso conjunto.
Ve pequeños tentáculos
que se clavan en él.
La enamorada ve el muro descarnado.
“Él es el hueso que me da forma.
Yo soy la carne que le da vida”.

IV
Vampiro en el jardín
Ningún jardinero
la recomendaría.
La enamorada del muro
tan pródiga con el muro
tiene un rol muy cruel en el jardín.
Está en su naturaleza apropiarse
de toda la humedad del terreno.
De modo que mientras ella se expande
y se demora tiernamente en el abrazo
las otras plantas mueren.
¿Qué puede importarle?
Una mujer enamorada es capaz
de atravesar sin ver una ciudad bombardeada.
Los ojos fijos en los labios de su amor.
No hay culpa
en la pasión.
“No permitiré que nada
ni nadie
te haga daño
amor mío”.

En sí misma
Sólo una loca pudo
enamorarse de un muro.
Un muro no habla.
No escribe cartas.
No florece.
Cubierto totalmente por las hojas
deja de ser visible.
Hasta se puede dudar de su existencia.
“No es eso
hija
lo que te enamora.
No es el muro.
Es tu esplendor”.


CLAUDIA MASÍN (Resistencia, Chaco, 1972)

LA GRACIA

A veces, muy raramente, un encuentro nos conmueve
de una forma que no puede ser atenuada por el pensamiento
o el lenguaje. Es que trae una memoria
de lo que fue íntimamente conocido y deseado, pero ha sido
desplazado a un lugar inalcanzable, de donde no sabría volver
a menos que una persona -entre todas- lo llamara. Somos
criaturas tímidas que no han hallado, en respuesta
a su curiosidad, a su pasión por todas las cosas, más que daño
o rechazo. Como animales que han luchado demasiado por su vida,
no sabemos qué hacer con la alegría, y si llega,
seguimos huyendo para salvarnos. Si lográramos vencer el terror,
si nos quedáramos, podríamos recuperar algo
perdido hace tiempo. La dicha más plena es una dicha física
y debería producirse sólo una vez,
antes de que conozcamos las palabras. Su regreso es siempre
un instante de gracia que nos devuelve el amor con que un día
la materialidad del mundo nos ha tocado.


SELVA DIPASQUALE  ( Buenos Aires, 1968)

DE LA FAMILIA DE LAS OLEÁCEAS

Hay un hilo de agua
que se había ido
de mí
y ahora vuelve:
¿Lo ves?
El brazo
de un río
que retrocede.
Yo misma
estoy adentro
de un recipiente
con agua.
Agua apilada
que circula
en cuadrados
dispuestos
uno arriba de otro
de manera irregular.
Algunos cuadrados
son transparentes,
otros color naranja,
otros miel.
Examino
mi cuerpo
desde afuera,
sin ansiar
nada en particular,
incluso con una mano
sosteniendo el mentón.

Hasta tengo tiempo
de considerar que
debería reunir
todo lo anotado.

Es mi cuerpo
con las pulpas
ensanchadas.

El agua es silenciosa,
cortante.

Te puede parecer
que sangro
pero no,
sólo y por momentos,
me ahogo un poco.

martes, 3 de diciembre de 2013

PARA COMPARTIR: MUJER EN POESÍA - VOCES ARGENTINAS


VANINA COLAGIOVANNI (Buenos Aires, 1976)

AZUL PÁLIDO

es el color del oxígeno en estado sólido

y el de un día de duelo que comienza cuando el sol
enceguece, apuntando directo a los ojos
y la caravana de pensamientos sobre el pasado
arruga el ceño

no va del presente al pasado la memoria
es al revés
siempre que se llega al día de hoy
es porque se atravesó una bruma de días
que resuenan en un pasillo vacío
antes de que los objetos traigan otra acústica

mudarse es cambiar de sonidos

habito otro espacio
después de haber recorrido una hilera de recuerdos
que no tienen sentido
pero que de un modo u otro
llegan hasta hoy

a este azul
irrespirable.


MERCEDES ÁLVAREZ (Tandil, Buenos Aires, 1979)

No me importa que me toquen...

No me importa que me toquen
que me metan la mano de improviso
por debajo de la falda
no me importa que me estrujen
mientras no me ignoren
róbenme, pero solo las cosas bellas
deslícenme la mano en el corpiño
no importa
mientras no miren al piso
cuando paso por la calle
úsenme
si van a amarme
muérdanme
si van a adorarme
o una forma de ver el mundo
la escucha la dicha el protagonismo
la plenitud de este amor correspondido
la casa en ruinas
y el cuerpo un resultado
sin importancia.


MÓNICA SIFRIM (Buenos Aires, 1958)

EL MAL MENOR

La vía del cangrejo
No es cavilación

Sino
Rencilla

Cuando pierde
No piensa que es
Apenas

Un trozo de coral
Perdido en
Un montículo
De arena

Dice que la otra
Carretera
Ofrecería

Menos
Resistencia

Y allá va
Con el zig zag

De un corazón trabado
En la derrota
Piensa que
La izquierda
Será más
Luminosa
Mientras deja la diestra
Acongojado
Pero el cangrejo
Sabe reconocer
El mal menor.


ALICIA GENOVESE (Lomas de Zamora, Buenos Aires, 1953)

EL BAÑO

Hay una ducha al fondo
de la casa
y cada tardecita
después del calor, el río
los mates, las conversaciones 
sudorosas en el porche
es la hora del baño
Atravieso los ligustros
dejo la toalla en una rama
el jabón 
sobre un tronquito
hachado al ras; un mínimo 
preparativo antes de hacer 
correr 
el agua 
Fría al comienzo
después más tibia
llega la que el sol
abrasó en el tanque 
de fibrocemento
el día entero
Al aire libre
la caña de ámbar
vuelve encantamiento,
el rito diario;
me lavo la cabeza
me bajo los breteles,
la malla y vigilo, casi 
con inconsciente cuidado
que los sonidos sean 
los habituales: 
algún zorzal 
que levanta vuelo
una gallineta que picotea
las últimas migas 
en el pasto, esa quietud 
atardeciendo
las casas vecinas
y la variedad inabarcable
de hojas y ramas en el monte
extasiadas rozándose
Me enjabono
la espalda, los hombros 
arden y otra vez el agua
reciben plácidos, 
más sensible 
el borde sin solear
del cuerpo siempre enmallado;
los pelitos de la vulva emblanquecen 
con la sedosa jabonada
y los pezones se agrandan
bajo las marcas 
geométricas del escote 
Abro por completo la ducha
y el caudal
cae a brochazos
casi helada me apura
fuera del letargo 
de la respiración;
hasta que cierro y vuelvo
al calor de las telas
al sigilo en la toalla
mientras el agua 
por la zanjita 
perfumada corre
como un suspiro aliviado
como un instante amoroso
y su exigente vigilia
No sabe nadie
nadie presencia
mi tarde detrás
del arroyo;
piedrita que alguien regala
y al aceptarla toma 
la forma de tu mano;
no tiene valor
no se cotiza
ni siquiera se pone
en una vitrina
de objetos exóticos;
se vive con poco
con nada
se hace un reino.

sábado, 30 de noviembre de 2013

NOCHE DE MÚSICA Y CANTO “GRUPO VOCAL TRAPAL”

INVITACIÓN ESPECIAL
CIERRE CICLO CULTURAL 2013


NOCHE DE MÚSICA  Y CANTO
“GRUPO VOCAL TRAPAL”


BIBLIOTECA SARMIENTO
PIÉROLA 267
SÁBADO 07 DE DICIEMBRE
HORA 21.30
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

¿VAS A VENIR?

jueves, 28 de noviembre de 2013

PARA COMPARTIR: POESÍA PORTUGUESA

 

NUNO JÚDICE

(Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949)

 

 

“Vuelve hasta mí en el silencio de la noche"

 

 

Vuelve hasta mí en el silencio de la noche

tu voz que yo amo, y tus palabras

que yo no olvido. Vuelve hasta mí

para que tu ausencia no empañe

el cristal de la memoria, ni lo transforme

en el espejo opaco de mis ojos. Vuelve

con tus labios cuyo beso soñé en un estuario

vestido con la mortaja de la niebla; y trae

contigo la alta marea de la mañana con la que

todos los náufragos soñaron.

 

 

Nota:  Nuno Júdice nació en Mexilhoeira Grande, sur de Portugal, en 1949. Es autor de una vasta obra poética traducida y publicada en más de una decena de idiomas. Ha escrito también libros de ensayo, ficción y teatro. En la actualidad es profesor de Literatura Comparada y Teoría de la Traducción en la Universidad Nova de Lisboa. Traductor de Shakespeare, Molière, Emily Dickinson, entre otros autores. Ha sido galardonado con el premio de poesía portuguesa, Antonio Ramos Rosa, 2007. Está considerado como uno de los autores más importantes de la lengua lusitana. En el año 2013 recibió el Premio de Poesía Reina Sofía, uno de los más importantes galardones que se puede otorgar a un poeta.

 

La presente edición es un aporte de la difusión literaria que el poeta y amigo Juvenal Soto realiza desde Málaga (España).


jueves, 21 de noviembre de 2013

PARA COMPARTIR: KONSTANINE CAVAFY (Alejandría, Egipto, 1863-1933)

GRISES
Mirando un ópalo casi gris
recordé unos hermosos ojos grises
que había visto hará unos veinte años...

Nos amamos un mes.
Marchó después a Esmirna, creo,
a trabajar allí y no nos vimos más.

Se habrán empañado -si vive- aquellos ojos;
ajado estará aquel rostro hermoso...

Guárdalos tú, memoria mía, como eran.
Y cuanto de mi amor puedas, memoria,
cuanto puedas, tráemelo de nuevo
esta noche.

martes, 19 de noviembre de 2013

PARA COMPARTIR:DIONISIO SALAS ASTORGA(Viña del Mar, Chile, 1965)


la pareja de enfrente
no habla
hace mucho dijeron
hasta la verdad

(y de eso no se vuelve)

cada tanto miran 
a los que preguntan al espejo de su plato

sienten una pizca de pena
regresan al territorio minado de su mesa

amasan las migas
como si fuera posible que el pan de sus vidas 
subiera otra vez 


De “Crónicas cínicas” (2013)

domingo, 10 de noviembre de 2013

PARA COMPARTIR: GODOFREDO DAIREAUX (Paris, 1839 – Buenos Aires, 1916)


EL MOSQUITO

Zumbando a los oídos del pastor, asentándose acá y acullá, picando al caballo en el hocico y a la oveja en el ojo; juntándose en el campo con bandadas de sus compañeros para divertirse en arrear los animales a gran distancia, se iba haciendo el mosquito insoportable a todos.
Él se reía, incansable, liviano, alegre, poco ambicioso, encontrando fácilmente cómo mantener su pequeña persona con la ínfima cantidad de sangre que de vez en cuando conseguía sacar a algún animal grande. Cuando su víctima recién lo sentía, su hambre estaba satisfecha, y, al encabritarse o corcovear el caballo, al sacudirse la oreja, o al colear fuerte la vaca, disparaba ligero, haciéndoles morisquetas y golpeándose la boca.
Más que todo, le gustaba chupar la sangre humana, y el hombre era de veras, con permiso de la gente, un animal superior para él. Ya que lo veía llegar cerca del rebaño, se asentaba en él, en acecho; elegía en la cara o en la mano el sitio favorable, y despacio metía la trompa en el cutis y empezaba a chupar.
Al sentirlo, el hombre le pegaba un manotón; pero el mosquito, ligero, volaba contento con lo que había podido conseguir, y se mandaba mudar a otra parte, zumbando. Desgraciadamente para él, acostumbrado a evitar fácilmente los manotones y a salir ileso de sus atrevidas campañas, cobró mayor y mayor afición a la sangre del rey de la creación, al mismo tiempo que una confianza llena de peligros.
Un día, se colocó sobre la mano del hombre, tan despacio que éste, absorbido en la contemplación de sus ovejas, no lo sintió. Empezó a chupar; al rato, satisfecho ya el apetito, pensó retirarse ligero como de costumbre; pero viendo que nada se movía, siguió chupando, y chupó más y más, ya de puro regalón vicioso y avariento, pensando en hacer provisión para varios días. Se iba llenando como para reventar, cuando despertó el hombre de su medio sueño.
Al movimiento que hizo, quiso huir el mosquito. Pero ¿cuándo? señor, si no podía ni moverse.
Todo lo que pudo hacer fue desprender la trompita. El hombre lo sintió, lo vio (¿quién no lo iba a ver con semejante panza toda colorada?) y ¡zas! le pegó una que lo dejó tortilla.
La codicia, dicen, rompe el saco.


EL OMBÚ

Erguido en la planicie, orgullosamente asentado en sus enormes raíces, el ombú extendía en la soledad sus opulentas ramas.
En busca de un paraje en donde edificar su choza, llegó allí un colono con su familia.
¡Qué árbol hermoso! -exclamó uno de los hijos-; quedémonos aquí, padre mío.
Seducido por el aspecto del árbol gigante, consintió el padre. De una raíz iba a atar con soga larga, para que comiera, el caballo del carrito en el cual venía la familia, cuando vio que allí no crecía el pasto y tuvo que retirar el animal algo lejos del árbol.
Mientras tanto, el hijo mayor, a pedido de la madre, cortaba unas ramas para prender el fuego y preparar el almuerzo. Pero pronto vieron que con esa leña, sólo se podía hacer humo.
Uno de los muchachos, entonces, para calmar el hambre, se trepó en las ramas altas y quiso comer la fruta del árbol. Se dio cuenta de que aquello no era fruta, ni cosa parecida. -¡Hermoso árbol! -dijo entonces el padre- para los pintores y poetas. Pero no produce fruta, su leña no sirve, y su sombra no dejaría florecer nuestro humilde jardín.
Orgulloso, inútil y egoísta; más bien dejarlo solo. Vámonos a otra parte.


PARENTESCO PÓSTUMO

Hubo en otros tiempos un caballo célebre, como él ninguno corrió jamás, y para que su nombre viviese eternamente en el recuerdo de la gente, decidieron las autoridades erigir a su memoria un grandioso monumento.
Se hizo una subscripción popular entre todos los cuadrúpedos; se llamó a concurso a los mejores artistas, y para el día de la inauguración del monumento se resolvió convidar, además de las autoridades, a todos los descendientes del ilustre prócer.
No alcanzaron las tarjetas, pues no hubo ese día mancarrón inservible que no se diera por pariente de aquel gran caballo. Y cuando ya se iba a cerrar el registro, todavía se presentó el burro, asegurando que él también tenía con el célebre caballo cierto parentesco lejano.