Creada en la Ciudad de General Alvear, Provincia de Mendoza, en el año 1935.

viernes, 30 de junio de 2017

JORGE CHÍPULI (México, Monterrey, 1976)

ISIDRO

La insoportable opresión de los pulmones, las emanaciones sofocantes de la tierra húmeda, la mortaja que se adhiere, el rígido abrazo de la estrecha morada, la oscuridad de la noche absoluta, el silencio como un mar que abruma
Edgar Allan Poe
Isidro fue enterrado vivo. Escuchó, sin poder moverse, todo el proceso; desde su supuesta muerte hasta el último paso de los enterradores sobre la tumba. Quería decir: no, esperen, si no estoy muerto, no me entierren… terrible perspectiva la de morir asfixiado, pero había conseguido, ahorrando sus domingos, una verdadera pistola de rayos láser, y su mamá, afortunadamente, la había puesto en el ataúd antes de que lo cerraran: para que juegues en el más allá, mijito. Con ella sería fácil desintegrar la tierra. Ni siquiera había tenido tiempo de probarla, había llegado por correo, la vio sobre la mesa cuando tropezó y se golpeó la frente. Se sintió como en un sueño del que es imposible despertar. El anuncio decía que realmente funcionaba, que era parte de un cargamento robado al ejército, un arma experimental creada para acabar con fuerzas alienígenas. Comenzó a mover la mano un poco, pudo abrir los ojos y ver la más profunda oscuridad. Después de media hora casi se terminaba el aire, pero ya podía moverse lo suficiente. Abrió el paquete. Palpó el arma entre sus manos y después de un minuto comprendió que había sido víctima de la fatalidad: las baterías no estaban incluidas.

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jueves, 29 de junio de 2017

RAQUEL LANSEROS (España, Jeréz de la Frontera, 1973)


EN OCASIÓN DE TODOS LOS FINALES

Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.

Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.

No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.

Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.

De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.

Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.

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miércoles, 28 de junio de 2017

FERNANDO YACAMÁN NERI (México, México DF, 1985)

 
URÓBOROS
 
En la serpiente se compendia toda la filosofía del universo.
H. P. Blavatsky 
 
​Te sentaste al borde de la cama como si te encontraras al filo de un barranco y escuché el siseo de la serpiente. Deshacías el nudo de tus botas como tarea infinita y el siseo resonaba entre nosotros. Las agujetas se enredaban en tus manos y escuché el silbido en mi oído. Las botas las aventaste fuera de nuestra realidad.
 
En tus pies otra vez el polvo que pisas en otra tierra.
 
Te acostaste a mi lado, percibí tu respiración como la brisa del mar y observamos el techo cuarteado. Una sola grieta marcada en ese techo que en cualquier instante se vendrá abajo.
 
Intenté perderme en tu olor, en tu piel, en tu sexo, intenté hacer de tu esencia el espacio, pero los ojos de la serpiente centelleaban en la oscuridad. Te envolví con la fuerza de mi sangre y ella seguía ahí; en sus ojos, luz se desprende del abismo.
 
La serpiente se ensanchó de la cola al hocico y nos observaba desde el espacio.
 
Giraste para envolverme con tus piernas, tus manos torpes abrazaron mi espalda. Yo veía tus ojos, te veía los ojos, esa mirada hubiera preferido no conocerla.
 
La serpiente a punto del orgasmo mordió.
 
Hay miradas de las que ya no se vuelve.
 
En cualquier sitio me encuentra: se arrastra entre mis piernas, se desliza sobre mi sexo herido por sus escamas, su sangre pulsa en mi pecho, el latido de su corazón es caos, es océano que ahoga las noches. Repta hasta mi cuello y despliega su hocico: su aliento me envuelve dentro de un mundo donde la tempestad cobra perfil de rostro, horizonte de relámpagos que abre el cielo hasta mis venas. Sus colmillos erosionan mi piel; sangre en el viento como astros en la noche virgen. Y no puedo despertar hasta que se me acaba el aire.
 
La serpiente mudó su piel en el altar a mis muertos, en el pasillo, en las sábanas. El veneno me alejó de mi cuerpo, nubló mi mirada y al borde de la cama te encontré como sombra que contemplaba algo más allá de las paredes: un paisaje o un vacío. El silencio era la marea que nos arrastraba a diferentes orillas; al no articular palabra, risa sacudió mi cuerpo. En ese momento caminaste a la salida.
 
Cerraste la puerta y la grieta en el techo se abrió; perdí noción del tiempo y del espacio; el universo podía caber por esa grieta, toda mi vida o lo que queda de ella. 
 
En el marco de la ventana, la serpiente que intenté matar a puños.


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martes, 27 de junio de 2017

LILIAN ELPHICK (Chile, Santiago de Chile, 1959)


DIONISA

Bebo. Estoy sola y me emborracho. Me han dado un picadillo de ménade que está cocido. La música es estridente, todos bailan enloquecidos, desnudos, arriba de las mesas.
El vino se acaba. Pido más de ese Xynomavro que me recuerda los frutos negros de mi bosque, donde también bailé en noches de luna llena, festejada de abrazos y besos.
Mi copa está llena y bebo. Con qué docilidad la memoria se me agolpa en la sangre: las horquillas las dejé arriba de la cama para tu colección de casualidades.
Soy una puta vieja que junta sus monedas para venir aquí y ver cómo fornican en mi nombre.

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lunes, 26 de junio de 2017

MAX AUB (Francia, Paris, 1903-Mexico, 1972)


Ficha 342

   Apellido del enfermo: Agrasot, Luisa.
   Edad: 24 años. Natural de Veracruz, Ver.
   Diagnóstico: Erupción cutánea de origen probablemente polibacilar.
   Tratamiento: Dos millones de unidades de penicilina.
   Resultado: Nulo.
   Observaciones: Caso único. Recalcitrante. Sin precedentes.
   Desde el decimoquinto día me abrumó. El diagnóstico era clarísimo. Sin que cupiese duda alguna. Al fracasar la penicilina, ensayé desesperadamente toda clase de otros remedios: no sabía por dónde salir. Me trajo de cabeza, de día y de noche, semanas y semanas, hasta que le administré una dosis de cianuro potásico. La paciencia —aún con los pacientes— tiene un límite.
 
De: “Crímenes ejemplares”


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