Creada en la Ciudad de General Alvear, Provincia de Mendoza, en el año 1935.

lunes, 11 de mayo de 2015

ARIADNA CHAVES (San Miguel de Tucumán)

CAUCE
 
Cauce que se abre
porque el amor
lo determina.
 
Busca al solitario
y en el prodigio
de la vida,
entrégale la eternidad
del Universo.
 
De “Palabra alucinada” (2012)

domingo, 10 de mayo de 2015

RICARDO ALBERTO BUGARÍN (General Alvear, Mendoza, 1962)

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LOS CUENTOS DE PRÍNCIPES Y PRINCESAS
 
Desviándose de los caminos que cruzan el condado, tomó por el atajo y se internó en el bosque. Su fiel osezno lo guiaba en vuelo rasante. Más allá de las primeras vertientes, descendió hacia la izquierda, y apeándose de su bisonte miró en derredor por si encontraba alguna huella.
Desembarazándose de su carcaj bruñido, de su daga de rica empuñadura y de su apreciada mandolina, se desprendió la capa de ricos detalles en marabú y, preparando la jofaina, acicaló su figura procurando borrar los efectos del camino. Se quitó los botines para no hacer ruido y se adentró en la espesura. 
Un mundo de musgos y de helechos dificultaba el trayecto. La penumbra, a veces, agigantaba la ansiedad por el encuentro. Avanzó cuidadosamente. Era sabedor, de todos modos, que las historias de príncipes y princesas tienen final feliz en todos los cuentos.
Caminó orientado por el canto del verderón y a la vuelta de un abeto halló la cérvida presencia. Era sabedor, también, que en las historias de príncipes y princesas hay presencias encantadas que dan muy buenas sorpresas.
Se detuvo a observar la juvenil figura que pastaba. Vio los ágiles remos, la piel lustrosa, la firme alzada. Sopesó las aventuras y desventuras que traería el eventual futuro. Eligió aguardar silente y expectante.
El cervato se acercó. Observó la grácil figura, la esbeltez del porte, la redondez del tórax, la flexibilidad de los brazos, la estrecha cintura y la ductilidad de las piernas. 
El príncipe observó el  acercamiento del cervato. Vio como colocándose en dos patas recorrió con sus manos la redondez de sus hombros. Sintió el descender de esas manos, suavemente, y la manera como, con cierta gracia, iban desprendiendo la botonadura de su jubón escarlata. Vio la hombría de su pecho quedar al descubierto. Sintió las manos llegar hasta la línea de sus calzas y vió como el cervato detuvo su mirada en la notaria aptitud de la sección pubiana. Mientras el príncipe azorado vivía este milagro, la cérvida presencia se fue mudando y quedó convertido en un fuerte mancebo en plena cúspide de inexperta adolescencia.
El príncipe levemente retrocedió. El joven se le quedó mirando. Ahí fue cuando el príncipe volvió a recordar que en las historias de príncipes y princesas las presencias mágicas suelen acarrear innúmeras sorpresas.
El verderón seguía cantando. El mundo de musgos y de helechos continuaba acechando. En alguna parte el bisonte aguardaba junto a la jofaina, al carcaj bruñido, a la capa con marabú, a la daga de rica empuñadura, a la apreciada mandolina y a los botines desabotinados. También el fiel osezno aguardaba para volver a remontar vuelo y guiar a su amo a la feliz morada.
El joven mancebo se inclinó y con acento provenzal pronunció estas escasas palabras: soy a vos señor, para lo que gustéis. El príncipe lo miró y, en acotado flamenco. respondió: ya conozco el cuento.
 
De “Bonsai en compota” (2014)

sábado, 9 de mayo de 2015

MARTÍN GARDELLA (La Plata, 1973)

AMOR SALVAJE
 
A ella le encanta exhibirse desnuda ante su enamorado. Algunas veces, se anima a mostrarse completa; otras, en cambio, prefiere insinuar sólo un poco, como haciéndose rogar. Por momentos, ella elige ocultarse entre las sombras, para aumentar el deseo, y obligarlo a imaginarla en la oscuridad.
 
En cualquiera de los casos, él la ama locamente, y responde a su presencia con aullidos, cuando el sol se oculta tras la arboleda del bosque, para permitir que ella aparezca, lejana y radiante, en medio del cielo.

viernes, 8 de mayo de 2015

CARLOS DUGUECH (Tucumán, Tafí Viejo, 1933)

ESTA VEZ
Esta vez será distinto.
Iré dando vueltas
en torno al punto central
para no equivocar caminos.
Esta vez será distinto.
No elegiré la primera de las propuestas
sino luego de comprender los riesgos
y analizar,
temprano,
a tiempo,
las salidas,
todas las salidas posibles
que sé, de verdad sé,
tiene este laberinto
que llamamos vida.

jueves, 7 de mayo de 2015

FRANCISCO DE QUEVEDO (España, 1580 - 1645)

DEFINICIÓN DE AMOR
 
¿Rogarla? ¿Desdeñarme? ¿Amarla?
¿Seguirla? ¿Defenderse? ¿Asirla? ¿Airarse?
¿Querer y no querer? ¿Dejar tocarse
y a persuasiones mil mostrarse firme?
 
¿Tenerla bien? ¿Probar a desasirse?
¿Luchar entre sus brazos y enojarse?
¿Besarla a su pesar y ella agraviarse?
¿Probar, y no poder, a despedirme?
 
¿Decirme agravios? ¿Reprenderme el gusto?
¿Y en fin, a beaterías de mi prisa,
dejar el ceño? ¿No mostrar disgusto?
  
¿Consentir que le aparte la camisa?
¿Hallarlo limpio y encajarlo justo?
Esto es amor y lo demás es risa.

MARYLENA CAMBARIERI (Viedma, Río Negro, 1964)

 

Agotada de ausencias
te invoco
a gritos de amor
a golpes de nostalgia.
La luna
impugnará mi herida
hasta agotarla.


De "Fragmentos del ángel" (2006)

 

martes, 5 de mayo de 2015

AMELIA BIAGIONI (Gálvez, Santa Fe, 1916-Buenos Aires, 2000)

BOSQUE
 
Mi sombra
mi pasión
mi razón
mi relámpago
me dijeron
que hay en el universo cuatro hambres.
 
Mis hambres
me gritaron
que el universo no se calma con gemidos
sino con actos.
 
Mis actos
me mostraron
que el universo es un oscuro claro andante bosque
donde todo movimiento es cacería.

domingo, 3 de mayo de 2015

JUAN EDUARDO ZÚÑIGA (España, Madrid, 1929)

LA PRISIONERA
 
Estoy en el jardín de un antiguo palacio que no sé de quién fue ni cuál es hoy su dueño. La tarde es húmeda, y otoñal el ocaso; en el blando suelo las hojas mueren adheridas al barro. No hace viento, no oigo ningún ruido entre los árboles que forman paseos en los que mudas estatuas, sobre pedestales de hiedra, alzan su desnudez.
Quisiera recorrer este extraño jardín, pero estoy quieto. Nadie lo visita, nadie hace crujir el puentecillo de madera sobre el constante arroyo. Nadie se apoya en las balaustradas del parterre ante la fila de bustos que la intemperie enmascaró con manchas verdinegras.
Estoy ante la gran fachada cubierta de ventanas que termina en altas chimeneas sobre el oscuro alero del tejado. Todo en ella muestra haber sufrido los ataques del tiempo pero estos rigores no dañaron a la única ventana que yo miro. Cada día, tras los cristales, aparece ella, su delicada silueta, y aparta la cortina de tul y largamente pasea su mirada por los senderos que se alejan hacia el río. Vestida de color violeta, siempre seria, eternamente bella, conserva su rostro juvenil, su gesto de candor, atenta a la llegada de alguien que ella espera. Inmóvil, tras el cristal, no habla, no muestra si acepta mi presencia, acaso no me ve. Resignada se dobla mi cabeza sobre el hombro mordido por las lluvias; desearía que sus dedos me rozasen antes de que su mano se haga transparencia. Desfallece mi cabeza enamorada; tras mis ojos vacíos atesoré palabras y palabras de amor dedicadas a ella. Acaso un día logren mover mis labios de durísima piedra.


sábado, 2 de mayo de 2015

GUILLERMO VELÁSQUEZ FORERO (San Vicente de Chucurí, Santander del Sur, Colombia, 1954)

 
Comprendí que todos
pertenecían al mismo clan,
que todos eran devoradores de hombres.
Lu Sin
 
 
Para subsistir, un hombre tenía que vender su sangre, también vendía mensualmente sus células sexuales a un banco de semen, su dentadura completa fue a parar a un laboratorio de reimplantes dentales, varias veces le desollaron el culo porque tuvo que vender la piel glútea a una clínica de injertos; cuando la crisis económica se agravó, la necesidad lo obligó a vender un riñón y un ojo.  Después, negoció los huesos de una pierna y un brazo, y varias costillas.
 
Y el hombre continuó mutilándose sin piedad, traficando con sus propios órganos vitales, haciendo de su cuerpo una carnicería ambulante.
 
Al final, el hombre puso en venta sus excrementos, pero pese a los grandes avances científicos y a tantas reformas políticas, la mierda humana no había adquirido valor de cambio, aún no se apreciaba como mercancía debido a que los pobres también la producían.


viernes, 1 de mayo de 2015

JORGE LUIS BORGES (1899-1986)

EL SUEÑO

Si el sueño fuera (como dicen) una 
tregua, un puro reposo de la mente, 
¿por qué, si te despiertan bruscamente, 
sientes que te han robado una fortuna? 

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora 
nos despoja de un don inconcebible, 
tan íntimo que sólo es traducible 
en un sopor que la vigilia dora 

de sueños, que bien pueden ser reflejos 
truncos de los tesoros de la sombra, 
de un orbe intemporal que no se nombra 

y que el día deforma en sus espejos. 
¿Quién serás esta noche en el oscuro 
sueño, del otro lado de su muro?