Creada en la Ciudad de General Alvear, Provincia de Mendoza, en el año 1935.

lunes, 20 de julio de 2015

JOSÉ MARTÍ (Cuba, 1853-1895)

CULTIVO UNA ROSA BLANCA
 
Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.


 

domingo, 19 de julio de 2015

JORGE LUIS BORGES (1899-1986)

ELEGÍA
 
Sin que nadie lo sepa, ni el espejo,
ha llorado unas lágrimas humanas.
No puede sospechar que conmemoran
todas las cosas que merecen lágrimas:
la hermosura de Helena, que no ha visto,
el río irreparable de los años,
la mano de Jesús en el madero
de Roma, la ceniza de Cartago,
el ruiseñor del húngaro y del persa,
la breve dicha y la ansiedad que aguarda,
de marfil y de música Virgilio,
que cantó los trabajos de la espada,
las configuraciones de las nubes
de cada nuevo y singular ocaso
y la mañana que será la tarde.
Del otro lado de la puerta un hombre
hecho de soledad, de amor, de tiempo,
acaba de llorar en Buenos Aires
todas las cosas.

sábado, 18 de julio de 2015

CHARLES DICKENS (Inglaterra, 1812-1870)

LA HIEDRA
 
Es planta delicada la dulce verde hiedra
que se arrastra solemne en las antiguas ruinas.
De lo que engulle escoge, por su mejor banquete,
—me supongo—, su celda por solitaria y fría.
La pared se derrumba, la piedra se deshace
satisfecha su hambre, su delicado antojo
es el polvo enmohecido que los años deshoja:
es su alegre sustento, su comida feliz.
Se arrastra sigilosa donde no existe vida,
es una rara planta la verde antigua hiedra.
Y se eleva instantánea aunque no tiene ala
sólo late en su cuerpo un firme corazón.
Cómo se adhiere, enrosca, aferrada a la tensa
inabarcable rama, del negro enorme roble.
Y astuta se desliza, suavemente en el suelo
y sus hojas semejan leves, amables olas.
Alegremente abraza y rastrera rodea
el rico moho fúnebre en la tumba de un muerto.
Se arrastra sigilosa donde la muerte es triste,
es una rara planta la verde hiedra antigua .
Edades han huido y sus obras decaen
y naciones enteras, dispersadas se alejan;
sin embargo, la hiedra no se marchita, es fuerte
su salud es robusta y su verde abundante.
Vieja y valiente planta en tus días solitarios
te alimenta el pasado y a la memoria nutres:
Por más alto e imponente, un edificio se alce
aunque sea el alimento de la hiedra voraz.
Se arrastra sigilosa donde el tiempo se acaba,
es una rara planta la antigua hiedra verde.
 
(Versión libre del inglés, Mario Bojórquez)

viernes, 17 de julio de 2015

SANDRO CENTURIÓN (Formosa, 1975)

TRANSFORMACIÓN
 
Una vez más, la luna llena acompañó su metamorfosis. Su cuerpo se transformó lentamente. Una vez más la profecía de su padre se cumplió. Una vez más, Juan se convirtió en Mariela, la loba de los suburbios.
 
De “Rinocerontes bajo la mesa” (2011)

jueves, 16 de julio de 2015

LISANDRO GALLARDÓN (Buenos Aires, 1979)


Al nacer todos recibimos
el regalo:
un cuerpo.
Pero este no es mi cuerpo.
No es mi vida. 
No es mi mundo.
Algo se oculta en el universo.
Lo imposible, otra vez,
se equivocó.



miércoles, 15 de julio de 2015

MÓNICA CAZÓN (Tucumán, 1968)

DIVIDE Y REINARÁS
 
Cuando cambiaron la cama ocasional por la cama del departamento de él, creyeron que les había llegado la porción de felicidad que tenían asignada. Comían, jugaban, vivían. Se reconocían en esa pasión repetida y tierna. Gradualmente llegó el invierno y ya la desnudez les incomodaba y la pasión se les escurría en una cena, en reuniones con amigos, en el consabido llenar espacios para no espaciarse. Hasta que un día cualquiera, como aquél en que cambiaron de cama, entendieron que la matemática podía ayudarlos.
Pero no. La matemática no los ayudó. Les certificó que se habían sumado las obligaciones, restado las libertades y multiplicado los problemas.
Fue entonces como, sin opción, dividieron los bienes.
 
De “Zoológico de señoras” (2011)

martes, 14 de julio de 2015

HERNÁN SCHILLAGI (San Martín, Mendoza, 1976)

EL SABOR DE LO PERDIDO RECUPERADO
 
fría no la soporta la boca
así que se encuentra sobre la heladera
 
el rallador muestra sumiso
sus dientes desparejos al fruto
del pecado original
porque es la manzana la que le ofrece
su piel de sangre
y mi mano sube baja
rodea las paredes espinosas
para ver cómo los trozos caen al plato
a la infancia
de una tarde de verano en que tres primos
hacían realidad la metáfora
 
ellos conocían bien el juego
cuando la botella dejó sin apuntar a uno
 
entonces se quedó tras la puerta
para solo mirar mientras una serpiente
le crecía torva por debajo del pantalón
 
De Gallito ciego” (2013)

lunes, 13 de julio de 2015

JUAN JOSÉ MILLÁS (España, Valencia, 1946)

PRIMER AMOR
 
Había en mi barrio una chica manca a la que sus padres habían regalado un brazo de madera con el que solía jugar como si fuera una muñeca. Le daba de comer y luego lo ponía a dormir sobre una especie de cuna alargada y estrecha en la que la mano hacía las veces de cabeza. Se trataba sin duda de un juego algo macabro al que nos llegamos a acostumbrar, sin embargo, con una naturalidad sorprendente. Pasado el tiempo, todos contribuíamos al cuidado de aquel miembro y a veces gozábamos del privilegio de que la manca nos lo prestara un día o dos. Cuando me tocaba a mí, lo metía en casa a escondidas y dormía abrazado a él: aquella chica me gustaba muchísimo y tuve mis primeras experiencias sexuales con su brazo, más cariñoso que los de carne y hueso que amé después.
(Por si el lector no lo ha advertido, estoy hablando de un barrio muy pobre en el que ni siquiera había bicicletas. Teníamos, en cambio, varios cojos que nos prestaban sus muletas para hacer los recados.)
Con el tiempo me hice novio de aquella chica y un día, sin haber llegado a pedir su mano, logré que me regalara su brazo. Mi madre, quizá por celos, no se llevaba bien con él y tenía que esconderlo debajo de la cama. Pero por la noche lo rescataba y dormíamos juntos, yo acariciado por su mano torpemente articulada y protegido por mi cuerpo. Más tarde le puse una manga de seda, muy excitante, que logré coserle con grapas al muñón. Excuso decir que mi interés por la manca decrecía a medida que me enamoraba de su brazo. Finalmente rompimos y ella exigió que le devolviera las cartas y todos sus regalos, incluida la extremidad. No me pude negar, pues era la costumbre, y desde entonces, aunque he tenido aventuras con otras prótesis, con ninguna he sido tan feliz. El primer amor es el primer amor.

Presentacion del libro de Ricardo Bugarin

domingo, 12 de julio de 2015

MARIAN HERNÁNDEZ (España, Pasai San Pedro, 1959)

UNA VEZ MÁS
 
Permíteme verte,
tocarte
no con el tacto
si no con el instante.
Déjame advertir,
tu esencia
una vez más palparte,
no con mi boca
si no con el sosiego.
Quédate a mi costado,
mientras ideo las palabras
que te conviertan en verdad.