| “CESAR ROSALES” El Amor y la Ruina Pueblo de arena, de sopor, de olvido, casi lunar de tan desamparado, sin color, sin perfume, sin sonido, como el cuenco de un cántaro quebrado. Un matorral, un riacho consumido (dolor y sed agrietan su costado); la torre del vencejo con su nido y un ojo azul, inmenso, alucinado. Sólo viviendo de alma, de cernido silencio, de ternura, de alarido, se puede amar y eternizar lo amado: Levantar de la ruina lo perdido, pero aun así, después de haber vivido, no es suficiente haberlo recobrado. |
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